dimarts, 14 de juny del 2011

Despertar

Y alguien me besaba los tobillos, no sabía si soñaba o si era real. Los besos subían, eran dulces, lentos, y entre beso y beso el calor de su aliento masajeaba mi piel. 

Me besaba al compás de su respiración, y entre inhalación e inhalación lamía con suavidad allí por donde pasaba. 
Lo sentía todo, no podía dejar de repetir su nombre y suspirar, tenía ganas de que ascendiera más, y más. 
A medida que subía se me erizaba la piel y ardía en pasión.  Me tanteaba, pero él ya me conocía, conocía cada milímetro, cada lunar y cada rincón.  Todo. 
Me sentía como en el país de las maravillas, todo era perfecto.
Cada vez apretaba más sus manos contra mis muslos, y sentía fuerza y ansia en aquellas manos.  No quería abrir los ojos, si aquello era un sueño no quería despertar jamás.  Conquistaba una a una todas mis neuronas. 
Su barba incipiente me hacía cosquillas en las ingles, y yo sonreía deseosa de más. 
Y entonces llegó. Llegó y se detuvo. Finalmente se decidió y acampó en el valle húmedo de mis muslos. 
Tiempo, respiraciones y pulsos aceleradas por la pasión, sudor…
Entonces abrí los ojos y le miré a los suyos. Sonreí y me besó en los labios.
Aquella era una buena forma de despertar.

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