Me giré y observé mi cuerpo a la luz de las estrellas. Tenía las manos sucias y arañadas, pero eran hermosas bajo las imperfecciones superficiales. La piel tenía un bonito color bronceado. Era hermoso incluso blanqueado por la luz. Las uñas eran cortas, de un saludable color rosado con pequeñas medias lunas blancas en la base.
Agité los dedos, y observé los músculos empujar con gracia los huesos, creando curiosos dibujos. Los dejé danzar sobre mí allí donde se volvían negras y fluídas sombras contra las estrellas. Me los pasé por el pelo, que me llegaba por los hombros. Estiré los brazos tanto como pude, tirando de los tendones hasta que algunas articulaciones crujieron. Los sentía fuertes. Podían subirme por una ladera, llevar una carga pesada o arar un campo, mas también eran suaves. Podían coger a un niño, ayudar a un amigo, amar... , pero eso no era para mí. Inspiré aire profundamente y de mis ojos manaron lágrimas que me rodaron hasta las sienes y se introdujeron en mi pelo. Tensé los músculos de la piernas, sentí en ellas fuerza y velocidad potenciales. Encogía y estiraba los pies al ritmo de mi respiración. Dentro y fuera, encoje y estira. Era agradable. Me toqué la cara con las yemas de los dedos. Los sentía cálidos contra mi piel. Cerré los ojos y acaricié los párpados. Había amado a muchos cuerpos, pero a ninguno de ese modo. Nunca lo había ansiado tanto. Por supuesto ese era al que no volvería a ver jamás. La ironía me hizo reír, pues yo ya no lo necesitaba para nada, tenía a alguien mejor, que me hacía sentir tal y cómo merecía, y me concentré en sentir el aire que pasaba en pequeñas burbujas desde el pecho y por la garganta. La risa era cómo una brisa fresca que limpiara todo en su camino, a través del cuerpo, que hiciera que todo estuviera bien. ¿Qué otras especies tenían un sanador tan simple? No recordava ninguna. Me toqué los labios y recordé qué se sentía al besar. Nunca había conseguido hacerlo tantas veces con el mismo cuerpo. Eso era algo que echaría en falta. Habían sido muchas en un tiempo tan corto. Pero había sido demasiado corto! Puede que 34 días o 35, no estaba segura del todo. El año más corto que había vivido hasta ahora. El año más corto, el más importante, el que más me había roto el corazón de todos. Pero sólo había una vida, y cosas así serían las que me definirían para siempre. Y, con un suspiro que parecía venir de las plantas de los pies y las palmas de las manos, me levanté.
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