dilluns, 13 de juny del 2011

¿Monotonía o tradición?

Los mismos viejos adornos. Los habían vuelto a bajar del desván y habían vuelto a retirarlos de sus cunas de papel de seda y habían vuelto a colgarlos, sólo dos noches atrás. Era cuidadoso lo que sucedía con los adornos de Navidad. No eran muchas las cosas que se mantenían intactas año tras año a medida que crecías. No había muchas líneas de continuidad, no había muchos objetos físicos que pudieran servir tanto en la infancia como en la edad adulta. Las ropas de su niñez las regalaban o las entregaban al Ejército de Salvación; a tu reloj con la imagen del Pato Donald en la esfera se le rompía la cuerda, tus botas de cowboy se gastaban. La billetera que habías confeccionado en la clase de artesanía de tu primer campamento era sustituida por otra de lujo, y canjeabas el carromato rojo y la bicicleta por otros juguetes más adultos: un coche, una raqueta de tenia, quizás uno de esos nuevos juegos electrónicos que se conectaban con la TV. Había muy pocas cosas a las que podías aferrarte. Algunos libros, tal vez, o una moneda-talismán, o una colección de sellos que habías conservado y mejorado. 

Súmale a eso los adornos del árbol de Navidad de casa de tus padres. 
Los mismos ángeles desconchados año tras año, y la misma estrella de estaño en el vértice; el pelotón tenaz que sobrevivía a lo que había sido un batallón completo de bolas de cristal; el pedestal del mismo árbol. Pero a veces, pensó Johnny, mientras se masajeaba distraídamente las sienes, parecía que lo mejor, lo más misericordioso, será desvincularse incluso de estos últimos vestigios de la infancia. Nunca podías descubrir como antes lo libros que te habían emocionado por primera vez. La moneda-talismán no te había protegido de ninguno de los contratiempos y rencores y castigos de la vida cotidiana. Y cuando mirabas los adornos recordabas que antaño había habido una madre presente para dirigir la operación ornamental del árbol, siempre lista y dispuesta para fastidiarte diciendo “un poco más abajo” o “me parece que el lado izquierdo está recargado de estaño, querido”. Mirabas los adornos y recordabas que este año solo estabais presentes vosotros para montarlos, solo vosotros. Pero los frágiles adornos del árbol de Navidad seguían allí, seguían a mano para decorar otro retoño arrancado del bosquecillo de los fondos, ¿y acaso no decían que durante el tiempo de Navidad se suicidaban más personas que en cualquier época del año? Por Dios, eso no era raro!

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