Frío. Cuando éste llega la gente cambia por completo. Nadie
lo nota, pero es así.
Cuando llega el momento de sacar los abrigos del armario, la
gente se vuelve muy diferente. Esconden sus pensamientos bajo un gorro de lana
y el rostro tras la bufanda.
Como si puedieran cambiar de identidad tan solo en un
segundo. La nostalgia se contagia a traves de esas luces navideñas que hay por
doquier.
Las ciudades y capitales, llenas de polución y CO2, están
atestadas de gente estresada y con prisas, haciendo las compras navideñas a
última hora. La gente se vuelve más hogareña y prefiere quedarse en casa viendo
la tele con una buena bolsa de palomitas antes que salir a pasear.
La soledad predomina y la gente se entrisece pensando en los
que ya no están. La gente se reúne con amigos y familiares y estrecha lazos.
Son felices simplemente por haber soportado otro año más, tal vez exitosamente.
A los niños pequeños se les ilumina la mirada el dia de
reyes, despues de haber tenido un runrún en el estómago toda la noche.
Tan solo con prounciar la palabra a la gente se le ilumina
el rostro. La navidad es perceptible, y aquí ya huele.
Tal vez por todo esto, el invierno, es mi estación
favorita...
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